Está bien no tener un primer año de universidad perfecto

Conoce tus límites y deseos

%28Collegian+file+photo%29
Back to Article
Back to Article

Está bien no tener un primer año de universidad perfecto

(Collegian file photo)

(Collegian file photo)

(Collegian file photo)

(Collegian file photo)

By Hannah Lieberman, Xenia Ariñez, and Adriana Rozas

Hang on for a minute...we're trying to find some more stories you might like.


Email This Story






Por años, no podíamos esperar para ir a la universidad. La mayoría de nosotros pasamos los primeros 12 años de nuestras vidas con las mismas personas, y 12 años es un tiempo largo. La cultura de la secundaria es extraña y difícil—es difícil hacer amigos porque los “grupos de amigos” tienden a solidificarse a comienzos del primer año de secundaria, o incluso en la escuela primaria, y es una comunidad tan pequeña que salir fuera de tu círculo social es prácticamente imposible. Todos tienen una reputación que se siente permanente y casi como una marca comercial. La universidad, un mundo nuevo que se asoma en el horizonte, cada vez más cerca sobre los cuatro años lentos y tumultuosos de la secundaria, es una oportunidad única de empezar de nuevo. La vemos como una oportunidad de reinventarnos a nosotros mismos, dejar atrás nuestras reputaciones de toda la vida, y hacer un nuevo grupo de amigos que está igual de emocionado por empezar de nuevo y está listo para darnos la bienvenida con los brazos abiertos.

Aunque mudarse a la universidad es un cambio emocionante y gigante, muchos estudiantes de primer año, yo incluída, han sentido la presión de reinventarse completamente y de tener una transición fácil hacia una vida independiente y rebosante de nuevas oportunidades y amigos. Pero la realidad es que dejar atrás todo lo que conociste es difícil y da miedo, y tenemos que estar bien con admitir eso a nosotros mismos y a los demás. 

Es imposible discutir la presión social de pasarla bien en la universidad sin sacar a luz la cultura de las redes sociales. Instagram, Facebook, Snapchat y otras aplicaciones y páginas de redes sociales son campos de cultivo para comparaciones y competencias. Constantemente estamos viendo posts de nuestros amigos en casa sobre cuanto se están divirtiendo en la universidad, y sentimos la presión de mostrarles a todos que la estamos pasando igual de bien. Si no me conocieras y te encontraras con mi perfil de Instagram, pensarías que todo lo que hago es salir y divertirme con mis nuevos amigos. En realidad, estoy en clases constantemente o haciendo tareas, no duermo lo suficiente y me cuesta escribir mis artículos para el Massachusetts Daily Collegian a tiempo. Pero no posteamos sobre esas cosas, ni mucho menos hablamos de ello.

Nuestros perfiles de redes sociales normalmente muestran nuestro mejor lado, divirtiéndonos y viéndonos bien. Cuando fui a casa por el fin de semana del Dia de Colón y todos y mis primos querían saber como me estaba yendo en la universidad, mi respuesta siempre fue “¡Genial! ¡Estoy super ocupada, pero pasándola tan bien!”. Esto demostraba a todos que no solo estoy aprendiendo mucho y teniendo éxito académico, sino que también estoy participando en el estilo de vida divertido de la universidad y pasándola bien.

La idea de que la universidad es el tiempo de “work hard, play hard” es una presión muy de verdad. Queremos que nos vaya excepcionalmente bien en la universidad, pero también pasarla bien cada fin de semana. “FOMO,” o Fear of Missing Out (miedo de perdértelo) también es muy real. Hay este sentimiento de que todo el mundo ama su vida en la universidad, y que para poder sacarle provecho a tu experiencia de la universidad, tienes que estar saliendo a fiestas constantemente y ser social. Yo soy una persona extrovertida y amo vestirme bonito y salir tanto como cualquier chica de primer año, pero llega un ponto en que estar con gente constantemente se vuelve exhaustivo.

Todos necesitan tiempo para ellos mimos, pero tenemos tanto miedo de perdernos la “vida universitaria” que a menudo nos saltamos ese tiempo de cuidarnos a nosotros mismos, para poder estar con nuestros amigos. Cada momento libre que tenemos que no lo pasamos haciendo tareas es una oportunidad para ser social. Durante estas primeras semanas de mi primer año, básicamente estuve en clases constantemente, haciendo tareas (con amigos), pasando el rato en el sótano de Van Meter o saliendo en la noche. Dormí ocho horas tal vez tres veces, y raramente me verán sin un café en mi mano. Estoy absolutamente exhausta, y me pregunto seguido: ¿Vale esto la pena? ¿Es esto lo que la gente ama de la vida universitaria?

La respuesta es no, por lo menos para mí, y estoy segura de que para muchos otros también. Si ves mis fotos del primer tailgate, pensarías que la pasé genial. Pero en realidad estaba enferma y en mi segunda dosis de Dayquil en 12 horas. Sin embargo, sentí la necesidad de hacer un post, para que todos pensaran que la había pasado increíble. La presión no es solo de FOMO, o la necesidad de tener una gran experiencia universitaria, sino también de mostrarles a todos que estamos teniendo una experiencia universitaria genial.

Si juntamos la confianza de admitir que la vida no es siempre genial, que a veces estamos muy cansados como para salir, o que a veces estamos luchando con nuestra nueva independencia, creo que nos daremos cuenta de que más estudiantes de primer año se sienten igual. Es normal y está bien sentirse cansados, estresados, o extrañar nuestras casas. Toma mucha más valentía admitir que no todo es increíble, que pretender que si lo es. Y, más importante, la honestidad y la franqueza hacen los cimientos de las amistades que todos nos morimos por hacer más fuertes y duraderas.

Hannah Lieberman puede ser contactada a través de su correo electrónico hlieberman@umass.edu.

Xenia Ariñez es una traductora de español y puede ser contactada a través de su correo electrónico [email protected]

Adriana Rozas es la editora de español y puede ser contactada a través de su correo electrónico [email protected]